LA TECNIFICACIÓN Y EL EMPLEO
En este
artículo vamos a tratar un tema como es la conexión entre la mejora
tecnológica, la falta de relación en las compras y la creación de empleo.
Porque si vemos que la tecnificación tiene un efecto demoledor sobre el
elemento relacional de la economía facilitando el comportamiento egoísta y
dificultando la introducción de la gratuidad y la lógica del don en el
comportamiento económico, la introducción de nuevas tecnologías también puede tener
unas consecuencias negativas sobre la creación de empleo en una sociedad.
La
tecnología y el empleo
Algunos
economistas y sociólogos están afirmando que la incorporación de nuevas
tecnologías va a suponer que muchas personas van a quedarse sin empleo y que no
tendrán posibilidades de recuperarlo. La robotización se muestra como una
amenaza que se cierne sobre nuestras sociedades y muchos medios de comunicación
se hacen eco de ella. Ante esta postura otros economistas afirman que la
incorporación de nuevas tecnologías siempre produce desajustes en el mercado de
trabajo que incrementan temporalmente el desempleo, pero que a largo plazo
estas mejoras tecnológicas producen nuevo empleo que incrementa el número de
personas que trabajan, de modo que la amenaza de acabar con el empleo no es
real y va a suceder justo lo contrario. Si estudiamos lo que ha sucedido en el
pasado, nos damos cuenta que la realidad ha sido más cercana a esta última
hipótesis que a la primera. La introducción de la máquina de vapor o la
mecanización de los telares, ya produjo grandes protestas en los albores de la
revolución industrial y profecías pesimistas sobre la posibilidad de sociedades
sin trabajo. No obstante, los puestos de trabajo no dejaron de incrementarse
pese a los desajustes iniciales que estas tecnologías introdujeron. En contra
de esta argumentación el primer grupo de economistas argumenta que esta vez es
distinto, que las nuevas tecnologías tienen unas características diferentes que
van a provocar una pérdida de empleo irreemplazable. El empleo decrece, no
siempre por las tecnologías.
Pero el
objetivo de este pequeño artículo va más allá de si estamos condenados a una
pérdida de empleos por la tecnificación o no. Lo que queremos analizar es como
esta pérdida de empleos, con frecuencia, no depende tanto de las innovaciones
tecnológicas sino de cómo organizamos la actividad económica. Porque las
innovaciones no tienen por qué ser negativas para la sociedad, al contrario
pueden ser muy positivas si están utilizadas de una manera inteligente y
permitir que los nuevos trabajos tengan una dinámica mucho más creativa y
positiva para las personas, eliminando el trabajo tedioso y repetitivo que con
mucha frecuencia estas se han visto obligadas a realizar, especialmente en las
cadenas de producción industriales (aunque no solo allí). De hecho, podemos
encontrar distintos modelos de empresas que realizan el mismo tipo de actividad
utilizando las mismas tecnologías y difiriendo en el número de empleados que
tienen. Las gasolineras, los bares, los bancos, la atención telefónica o el
comercio, son sectores tradicionalmente atendidos por personas en los que vamos
viendo como estas se sustituyen por máquinas (aunque no en todas las empresas)
¿Es esto una consecuencia directa del avance tecnológico o más bien una opción
estratégica de las empresas?
De hecho
esta tecnificación ya está generando disgusto. Muchas personas intentan ponerse
en contacto directamente con alguien que les ayude personalmente, no quieren
hablar por teléfono con máquinas, aprecian que alguien les explique cómo
funcionan las cosas, que alguien les informe sobre qué es mejor o peor; Es
claro que no todas las personas lo viven así. También las hay que prefieren no
tener contacto directo con nadie, tomar decisiones delante de una máquina para
no verse condicionadas por un sentimiento hacia la contraparte y así pensar en
sus propios intereses sin trabas emocionales. Sin embargo el primer grupo es
creciente ante el hartazgo que provocan las máquinas, la robotización y los
problemas que tienen unos instrumentos que no pueden improvisar, que no pueden
pensar, que no pueden responder de manera original o comprensiva ante
determinadas cuestiones, que no atienden de manera afectiva o calurosa a
quienes interactúan con ellas.
Este
hastío no solo puede suponer un nuevo hueco de mercado para aquellas empresas
que sepan ofrecer ese servicio de cercanía y de relación que ya no están
ofreciendo la mayoría, que sepan convertirse en cómplices de sus clientes para
ayudarles y aportarles una cercanía que vaya más allá del simple intercambio de
personas egoístas que tan solo buscan su propio interés. También es una
oportunidad para que todos nos convirtamos en personas que colaboramos en la
creación de empleo. Por ello todos debemos colaborar en que esa creación de
empleo sea la mayor posible, para lo que es necesario que nos planteemos cómo
estamos realizando nuestras compras, en qué clase de tiendas estamos comprando,
si estamos tratando con personas o con máquinas. También sería necesario que a nivel
global tuviésemos información sobre cuál es el ratio de empleo por facturación
de las empresas, es decir, que conociésemos que empresas crean más empleo y
cuáles menos para que pudiésemos comprar a aquellas que consideramos que son
más positivas para las personas. En la medida que la sustitución de personas
por máquinas no es una cuestión ineludible sino que es una opción económica que
se puede tomar o no, debemos pensar en ello cada vez que compremos para
analizar si estamos colaborando en la creación de empleo en nuestra sociedad o
somos consumidores que colaboramos activamente en la reducción del mismo
gracias a nuestros hábitos de compra.
BIBLIOGRAFÍA
Comentarios
ahora bien, teniendo esto en cuenta muchos empleos van a desaparecer y muchas personas van a quedar desempleadas, en este futuro se van a necesitar superhumanos los cuales no cometan ningún error para que así se pueda competir con la maquina, es decir se necesitan humanos super especializados en los ámbitos donde las maquinas no tienen tanta influencia.