¿Racionalidad?

Carol Urbano Cortés


Enmarcando la racionalidad del consumidor dentro de la comparación entre el pensamiento asertivo y el integral, siendo el segundo el paradigma emergente, se tiene en esencia  tanto una mira Neoclásica del prototipo de consumidor llamado “Homoeconomicus”, como una mirada nueva desde la Neuroeconomía quien plantea una racionalidad limitada de dicho agente. El pensamiento asertivo es racional, analítico, reduccionista y lineal, mientras que el pensamiento integrativo es intuitivo, sintético, integracional y no-lineal; ¿cómo se enmarca la racionalidad del consumidor en estos pensamientos? Esa es la intención de este texto.

Dentro del viejo paradigma se encuentra la teoría neoclásica, la cual nos lleva por el camino de la razón representado en el consumidor racional llamado "Homoeconomicus". Los principales supuestos los cuales sustentan este "súper hombre" son la maximización de beneficios o minimización de costos; “el ser humano intenta elegir la opción que mejores beneficios le provea, en el contexto y marco que su decisión le permita”. (Enríquez, 2013) Esto quiere decir que a partir de sus ingresos se busca obtener un máximo de satisfactorio en donde las preferencias de cada individuo son específicas y los bienes de consumo poseen para él diferentes usos, entonces se modelan en función de la utilidad que el bien le represente y la restricción presupuestaria que este tenga. Hay una racionalidad en cuánto se está dispuesto a pagar, “con más precisión, ya que bienes y servicios se hallan afectados por los precios, la conducta racional del consumidor será la que logre igualar las utilidades marginales ponderadas de estos bienes y servicios, es decir, su utilidad marginal dividido entre los precios”. (Godelier, 1967:40). Cuando los precios de un bien tienden a la baja, la cantidad demandada de este bien aumenta como respuesta racional ya que el comportamiento está determinado a su vez por el precio.

La condición analítica consta de aislar las partes para una entera compresión de la situación; el consumidor es un agente económico, su conducta depende de sus gustos, expectativas e ingresos, a este se le aísla para ver su respuesta o reacción ante variaciones en los precios de los bienes que son de su preferencia. Los efectos son claros, cuando el precio de ese bien aumenta, enseguida las cantidades demandadas de este mismo disminuye, por el contrario, cuando el precio baja las cantidades demandadas tiende a aumentar. Es evidente como la dinámica de consumo y del consumidor se reduce a la respuesta ante ciertos cambios primando siempre la condición de maximizar su beneficio con el mínimo esfuerzo, se tiene entonces desde esta lógica una relación lineal en cuanto ante una causas, que para este caso es una variación en el precio, trae como respuesta un efecto que es la modificación de la cantidad demanda.

Sin embargo, cuando se enmarca al consumidor dentro del pensamiento integrativo o el paradigma emergente, analizado desde la Neuroeconomía, se pone en tela de juicio la racionalidad de dicho consumidor. Cuando se plantea al pensamiento integrativo como uno intuitivo se tiene cabida a la percepción, a lo que piensa y siente el agente, cosa que no es posible en lo racional. En este contexto, se deja separado al cuerpo de las emociones; estas afirmaciones de Damasio (1994)  han sido corroboradas por la Neuroeconomía. Al analizar el tema del precio, descubrió que la maximización de utilidades basada en el pensamiento racional no es la principal motivación, que gravita en la toma de decisiones, ya que los factores desencadenantes de las compras son las emociones, los valores y todo aquello que active el sistema de recompensas del cerebro. El consumidor se deja llevar por sus emociones, es por ello que este es fácilmente manipulable, la publicidad y el marketing de han encargado de jugar con la percepción del agente frente a sus preferencias, al punto de convencerlo con estrategias y nuevas tecnologías de demandar el bien sin necesidad de recurrir a la baja del precio o a un aumento de calidad. “No venda productos o servicios, venda emociones mentales que son las que llevaran a comprar su producto, utilice el Neuromarketing”. (Peyrolón, 2004:83) si se estudian todas estas estrategias, lo que buscan es jugar con la racionalidad del consumidor, terminan limitando la objetividad del consumidor cuando interactúa en el mercado.

La condición sintética consta de determinar la relación con, estas relaciones con el entorno, con las emociones, con las estrategias mentales, implica entender la relación que existe entre lo que sucede en el cerebro humano durante la toma de decisiones y la conducta de los agentes económicos; esta nueva forma de ver la “racionalidad” del consumidor es integracionista, se comprende el comportamiento desde un todo que vendría siendo el cerebro mismo el cual es el origen de la gestación de las decisiones. Ya que se dan estrategias y manipulación en las decisiones, no hay un efecto homogéneo y específico; las emociones son volubles, inestables y enteramente cambiantes, indicando la multiplicidad de respuestas que el cerebro podría responder ante estos estímulos creados.

Habiendo dado una respuesta a la pregunta planteada cabe anexar un planteamiento de Godelier el cual a mi juicio abarca ambos pensamientos, este expone lo siguiente: “No es el llamado a la conciencia lo que hace posible una conducta de maximización, sino la existencia de un orden de preferencia, y este orden puede ser consciente, subconsciente o inconsciente. Las técnicas de persuasión son eficaces sólo porque actúan sobre los deseos inconscientes, que tratan de lograr una mayor satisfacción”. (Godelier, 1967:43). Lo anterior abre una discusión y es si realmente la Neuroeconomía es un paradigma emergente o es una extensión más del viejo paradigma neoclásico. De acuerdo a ello, los consumidores siguen fieles a su objetivo de maximizar, este no depende de la conciencia o en otro término, de la mente, es debido al orden de las propias preferencias, aunque  estas se ven manipuladas por el Neuromarketing que incluye la publicidad y la importancia de la marca, entonces, ¿se está limitando la racionalidad? Es una pregunta que dejo abierta y con el ánimo a responder a futuro.

BIBLIOGRAFÍA


Enríquez, A. C. (2013). Neuromarketing y neuroeconomía: código emocional del consumidor. Ecoe Ediciones.

Godelier, M., & Blanc, N. (1967). Racionalidad e irracionalidad en economía(No. 330.1/G58rE). Siglo XXI.


Peyrolón, P. (2004). Neuroeconomía: breve introducción a una novísima ciencia (p. 83). Barcelona: Ediciones Granica. 

Comentarios

Unknown dijo…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Unknown dijo…
Un texto que derrumba en un santiamén los supuestos con los que damos por hecho poseen los agentes, en cada lectura de los hechos económicos que analizamos. Mi posición es simple, estoy de acuerdo en cuanto a que es necesario el pensamiento integrativo que propone el nuevo paradigma, no podemos seguir pretendiendo estudiar el comportamiento de una forma aislada, y seguir dando respuestas a medias a una sociedad/gobierno que necesita mejor claridad para la toma de decisiones. Ante todo es un desafío a ser profesionales integrales que quieran dotarse de mejores herramientas para entender la realidad, aun a costa de que esto le cueste desaprender lo que en la academia se convierte en su vertebra de estudio del consumidor: La racionalidad económica.
Unknown dijo…
La posición del autor con respecto a los planteamientos es acertada, en el sentido de que expone una visión que es de suma importancia en la actualidad. El mundo esta inmerso en un consumismo cada vez mayor que va ligado por eficientes estrategias de mercadeo que son guiadas por una rama que se encarga del estudio de la psicología del consumidor a la hora de la toma de decisiones, por ello es necesario cambiar el paradigma actual basado en supuestos y alejado de la realidad, aterrizando o acercando las teorías un poco mas a lo que verdaderamente sucede en el comportamiento de los agentes, sin embargo cabe la pregunta de hasta qué punto los múltiples comportamientos del ser humano puedan ser abarcados y generalizados en una sola teoría que de luces del comportamiento real del consumidor.
Unknown dijo…
El neuromarketing logra generar necesidades falsas a los consumidores que finalmente termina beneficiando al empresario o productores de x bien, ahora bien basado en lo anterior considero que la Neuroeconomia es un paradigma emergente y no una extensión al viejo paradigma neoclasico por el simple hecho que el paradigma neoclasico o una posible extensión de este no lograria y ni siquiera intenta llevar al consumidor a maximizar, es una simple estrategia para lograr mayor obtención de beneficios a los productores, por lo cual desear analizar la conducta psicologica de cada individuo y reestructurar la posible racionalidad de cada uno de ellos, se convierte en una propuesta interesante de realizar.
Jhonatan Rivera dijo…
Me gusta como sintetizas y explicas de manera clara lo que es la racionalidad del “Homoeconomicus” el cual es la columna vertebral del pensamiento neoclásico en busca de la maximización y aún más, darnos a conocer esta postura de la Neuroeconomía ya que no muchos tomaron este camino. Mostrando aportes como los de Damasio (1994), el cual descubrió que la maximización de utilidades basada en el pensamiento racional no es la principal motivación, que gravita en la toma de decisiones, ya que los factores desencadenantes de las compras son las emociones, los valores y todo aquello que active el sistema de recompensas del cerebro, expones.
Dando un análisis más amplio y en tus palabras “esta nueva forma de ver la “racionalidad” del consumidor es integracionista, se comprende el comportamiento desde un todo que vendría siendo el cerebro mismo el cual es el origen de la gestación de las decisiones.” Y con esto poder explicar porque las personas están dispuestas a pagar por juegos virtuales que son a su vez influenciados por la publicidad, a pagar por monedas virtuales como la bitcoin, entre otros casos y que con la racionalidad del Homoeconomicus no es suficientemente para dar una explicación congruente al fenómeno. Y como consumidor definitivamente acepto que las técnicas de persuasión son eficaces, ya que nuestros deseos inconscientes siempre están ahí, nos hacen gastar de más y sino no compraría juegos virtuales que recopilan historia, estructuras jerárquicas, de estrategia y operaciones especiales de combate, que me dan desde un simulador una visión de lo que fue, es o podría ser nuestra sociedad.
Estos gustos se suelen extender, creando diferentes grupos de consumidores que a su vez están en otro grupo de consumidores y que mediante el Neuromarkenting buscan llegar a los consumidores y así obtener beneficios, ya que en este siglo, el buscar un producto en internet hace que te salga una cadena de sugerencia de productos sustitutos o complementarios, incentivando el consumo y que la Neuroeconomía como lo expones tiene un amplio de explicación bastante amplio y complejo.